un fragmento de la tierra en el cielo

By imaginariosinfrontera
imágen compuesta de varias fuentes gracias a todos foto de Byllie Cutchen

imágen compuesta de varias fuentes gracias a todos foto de Byllie Cutchen

Arthur C. Clarke era hasta éste año uno de los autores de ciencia ficción vivos de mayor importancia mundialmente, pero precisamente éste año se nos adelantó, sin duda otro de los grandes que nos dejan, todavía recuerdo el día que dejó su cuerpo en la tierra, pero no nos pongamos tristes, de hecho cuando escribí esto aún no nos había dejado, precisamente unos días antes, por ahí del 5 de Marzo, en fin, su espíritu seguro está en algún lugar mejor del infinito….

Clarke, como lo hizo Asimov en su momento, aporta una base más sólida, más cercana a la realidad. Algunos de sus planteamientos siguen resistentes al paso de los años, y tal vez muchos logren incluso perpetuarse, desde el estricto punto de vista científico, que es raíz y tronco de sus historias. Hasta sus licencias poéticas son menos caducas. Con todo, la literatura de cualquier clase siempre tomará lugar en el imaginario, territorio donde la fantasía es la reina. Clarke es conocido sobre todo por su novela y guión de la película de Kubrick, Odisea 2001, y desde luego, toda la secuela. Una de sus novelas no tan populares y de las primeras, es Claro de Tierra, en referencia al “claro de luna”, pero ahora en un curioso sentido invertido, pues es desde la luna donde puede apreciarse a la tierra, esa gran canica azul, iluminada por el sol y suspendida en el firmamento oscuro. Aunque sus personajes prácticamente no se repiten  o conectan de una novela a otra, por lo regular nos quedamos con la impresión de que todas ocurren en lugares o bajo circunstancias muy similares. En claro de tierra ya somos capaces, la humanidad pues, de establecer una colonia en la luna; y no sólo en nuestro blanco satélite, también en otros planetas de hecho. A diferencia de otros como Simmons que nos mantiene al borde sin importarle mucho la dosis de violencia que la historia necesite, Clarke, con más sutileza, nos remonta sólo con la amenaza, sin tener que incurrir tempranamente al hecho mismo para apabullarnos, incluso a pesar de tener su momento más álgido cuando está a punto de desatarse una guerra de proporciones serias, desde luego guardadas las distancias con nuestras más avanzadas y mortíferas armas actuales, entre la tierra y la federación, que está formada por todos aquellos hombres que viven y han nacido en otro planeta. El protagonista es un contador y no un aventurero de acción, quien es enviado como un agente encubierto para ver que tanto puede averiguar del espionaje al interior de esta base. A Sadler (el apellido de nuestro protagonista) no parece agradarle mucho en un principio su misión ni aún cuando significa que tendrá el privilegio de vivir y consumir su parte de los recursos disponibles en el interior de esa fantástica, y por demás común esfera, pues a pesar de lo difícil que resulta mantenerla, en su interior existe todo lo necesario para que sea posible un estilo de vida lo más parecido a la vieja tierra. Llega encubierto en su misma profesión, si así cabe decirlo pues además así resulta más natural su intromisión, y habita por un tiempo esa elitista ciudad que la tierra se ha construido inmediatamente fuera de ella. Ya ustedes verán qué es capaz de averiguar, pues como siempre, el rumor es el mismo por el que empiezan todas las guerras, la ambición; se maneja que de verdad existen yacimientos de metales pesados en el subsuelo lunar, y esto resulta vital hablando en términos de recursos, sobre todo para una federación hambrienta de los mismos; a pesar de todo la tierra sigue siendo un planeta afortunado, casi privilegiado al contar con tantos depósitos que a la postre fueron los mismos que posibilitaron su desarrollo. Parece que resulta lo mejor para el lector común que el protagonista sea un contador pues de ésta forma las cosas las podemos ver a través de un de un filtro, que nos es más asequible, más familiar. Ya veremos más de éste autor, interesante más allá de sus vaticinios inmediatos, ya pasó el año 2001, y cada vez estamos más cerca del 2010, y el tiempo vuela y ya vendrá un 2031…

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